El Coronocrash como proceso

El Coronocrash como proceso

El poder mundial y los medios intentan presentar al Virus covid 19 como el responsable de todas las catástrofes sanitarias y económicas que estamos viviendo. Como marxistas debemos desarrollar un análisis que nos permita ver el proceso para entender lo que está pasando y visualizar posibles escenarios.
PRIMERA LÍNEA REVOLUCIONARIA

Tomado del portal http://venceremos-arg.org/

El poder mundial y los medios intentan presentar al Virus covid 19 como el responsable de todas las catástrofes sanitarias y económicas que estamos viviendo. Como marxistas debemos desarrollar un análisis que nos permita ver el proceso para entender lo que está pasando y visualizar posibles escenarios. Enfocándonos en lo económico con datos concretos podemos ver como las burbujas financieras iban creciendo y las crisis de sobreproducción se iban agudizando, y el parate mundial producto de la Pandemia hizo crujir a los motores mundiales del capitalismo.

La burbuja financiera antes del Coronavirus

Después de la crisis económica del 2008, ha predominado un bajo crecimiento en Occidente y una significativa expansión de Oriente, que no alcanzó para motorizar la economía mundial. El crecimiento de China es otro ejemplo contemporáneo del desarrollo desigual y combinado. Una economía retrasada escaló vertiginosamente en el ranking global, dejando atrás su status subdesarrollado, capturó tecnologías e inversiones de potencias más avanzadas y utilizó su atraso para motorizar la economía con grandes rentabilidades.

La principal singularidad de esa expansión ha sido el pilar socialista previo* que le permite una provechosa combinación posterior de modelos mercantiles y planificados. El otro secreto del auge fue la retención local de los excedentes -incrementado por la superexplotación del trabajo- y la cooptación de una parte de los principales capitales que volcó sus recursos al nuevo desarrollo del país.

El descenso de Estados Unidos, el ascenso de China y el reducido incremento del PBI global, son un triple proceso que marca este período. En ese contexto Asia -China, Corea del Sur, India- se ha convertido en el gran taller del planeta, en desmedro de la vieja primacía fabril de Occidente.

Este giro se asienta en el incremento de la explotación y la creciente extracción de plusvalía en la región asiática. La impactante expansión china ha desembocado en el gran desequilibrio que genera la sobreinversión. La preponderancia de esa contradicción, confirma la primacía de la sobreproducción global como principio rector de la crisis. Ese desequilibrio, le impidió a China contrarrestar las tensiones del 2008 con un desacople interno; debió retomar rápidamente la incursión en los mercados externos.

El rescate internacional coordinado de la última crisis, consolidó la triple característica del período. Se afianzó el declive occidental, el ascenso oriental y su insuficiente arrastre de la economía mundial.

Cabe aclarar que EEUU sigue conservando su poderío militar desplegado por todo el planeta y no hay perspectiva que esto sea disputado, en el mediano plazo, por ninguna otra potencia.

A partir de la crisis del 2008 todo cambió. El comercio internacional se debilitó enormemente, la inversión productiva sigue siendo muy baja en términos proporcionales, la tasa de crecimiento de la productividad no se recupera y no se verifican mejoras importantes en la eficiencia productiva en general. Mientras tanto hay un alto endeudamiento -Estados y corporaciones- del orden de los U$D 235 billones equivalente a 3 veces el PBI global. Así la tasa de crecimiento del PBI promedio no superó el 3% en la última década. Sin embargo, en ese mismo lapso, creció la hegemonía financiera. Los Bancos fueron los que más se apropiaron del valor sin producirlo. Las bolsas en general, y particularmente Wall Street, acumularon años de crecimiento y de ganancias ficticias, creando una burbuja que ahora ha explotado con los sucesivos «días negros» de los mercados.

El crecimiento de la deuda ha sido más rápido en las llamadas economías en desarrollo. Como señalan los economistas del Banco Mundial, «la mayor parte del aumento de la deuda, desde el 2010, se ha producido en los mercados emergentes y las economías en desarrollo (EME), que vieron cómo su deuda aumentaba en 54 puntos porcentuales del PIB hasta alcanzar un máximo histórico de alrededor del 170% del PIB en 2018. Este aumento, de amplia base, está afectando a alrededor del 80% de las economías en desarrollo».

Como dicen los funcionarios del Banco Mundial: «A pesar del fuerte aumento de la deuda, el crecimiento de estas economías ha decepcionado repetidamente, y se enfrentan a perspectivas de crecimiento muy débiles, en una economía mundial frágil. Además de su rápida acumulación de deuda, han acumulado otras vulnerabilidades, como los crecientes déficits fiscales, de cuenta corriente y una composición más arriesgada de la deuda».

Gran parte de esta deuda está denominada en dólares y a medida que esa moneda hegemónica aumente su valor como «refugio seguro», el costo a pagar aumentará para las economías del Sur.

El nivel de la deuda corporativa de las empresas de las economías emergentes – en «moneda fuerte» – es significativamente más alto ahora que en 2008. Según el Informe de Estabilidad Financiera del FMI de octubre de 2019, la media de la deuda externa de los países de mercados emergentes y de ingresos medios, aumentó del 100% del PIB en 2008 al 160% del PIB en 2019.

Latinoamérica en la etapa neoliberal

La región fue el gran laboratorio del neoliberalismo y esto profundizó con creces su carácter dependiente. Profundizó su primarización, que recrea la vieja especialización en exportaciones básicas, y un extractivismo exportador.  El drenaje de la renta agro-minera supera todo lo conocido, en la reinserción internacional de la zona como proveedora de productos básicos

América Latina carga con todas las consecuencias del debilitamiento estructural de su industria, frente a los nuevos competidores asiáticos. Este retroceso productivo está potenciado por la creciente dependencia financiera, sufriendo una desindustrialización precoz, mucho más severa que la deslocalización padecida por las economías avanzadas de Occidente. Las fábricas cierran antes de haber alcanzado su madurez y la brecha con el continente asiático es fenomenal.

En Sudamérica descendió el peso del sector industrial y salta a la vista el deterioro del modelo de abastecimiento local. La industria tradicional de los países medianos se encuentra en franco retroceso. En Brasil el aparato industrial perdió la dimensión de los años 80 y en Argentina se registró un decrecimiento descomunal. El retroceso productivo que impera en el sur y el amoldamiento a la fabricación básica que predomina en el centro de la región, constituyen dos modalidades de una regresión común.

La región continúa apostada en el segmento inferior de la estructura productiva y las ganancias extraordinarias en los periodos expansivos son invariablemente acaparadas por las empresas transnacionales.

Si bien en muchos países lo más notable fue la gravedad que asumen la financiarización de los ingresos personales y el endeudamiento de las familias, siendo Chile el caso paradigmático de esto, el principal desequilibrio actual de la región, se ha situado nuevamente en la dependencia del histórico ciclo financiero.

Los efectos de esa secuencia se verifican en las recurrentes crisis del endeudamiento externo. El peso histórico de esos pasivos sigue afectando a Latinoamérica, a través de la conocida sucesión de desequilibrios fiscales y déficits externos, que engrosan los compromisos y precipitan las crisis. Ese periódico ahogo financiero se agravó en la etapa actual por la gravitación de corrientes especulativas de ingresos y salidas de capitales, bajo el amparo del FMI y los fondos de inversión.  Esta es la expresión cabal de la fragilidad productiva y comercial del capitalismo dependiente. El agobio con el pago de los intereses, las refinanciaciones compulsivas y las cesaciones de pagos, obedecen al perfil subdesarrollado de economías primarizadas, con poca industria y elevada especialización en servicios básicos. Aunque mas allá de la dependencia, no debemos descartar las dimensiones autónomas de las crisis financieras, como en el caso de Argentina con su toma de deuda colosal.

La sobreproducción contemporánea también determina la creciente envergadura de las convulsiones en América Latina. La enorme masa de capital sobrante, sin absorción lucrativa a escala global, incentivó el endeudamiento. Los excedentes mundiales también definen la oscilación de los precios de las materias primas, que afectan a la región. Esas cotizaciones varían con las mercancías con menor flexibilidad de los productos primarios a la innovación tecnológica, en comparación a sus pares del universo fabril. Por esa rigidez, los insumos tienden a encarecerse.

Todo el proceso de profundización de la desposesión en Latinoamérica no se ha dado sin luchas. Por primera vez en mucho tiempo se observó una oleada convergente en diversos países de la región.

En Chile, las movilizaciones en contra del ajuste, exigiendo la salida de Piñera, y la convocatoria a una Asamblea Constituyente persistieron frente a una represión salvaje. En Ecuador, el movimiento indígena impuso la derogación de un ajuste del FMI. En Colombia, un nuevo sector urbano se sumó a la tradicional lucha campesina. Puerto Rico, Honduras, Haití fueron escenarios de grandes movilizaciones y luchas. El contrapunto de este contexto de movilizaciones ha sido el golpe en Bolivia. La intervención de EEUU, intentando recuperar su patio trasero, ha jugado un papel fuerte para sostener gobiernos como los de Chile, Ecuador, financiar las campaña de Macri en Argentina a través del FMI, empujar y sostener el golpe en Bolivia.

Merece un análisis en profundidad el retroceso de las organizaciones revolucionarias en la región, sobre todo en el período del ciclo progresista; la revitalización de las experiencias callejeras y del enfrentamiento al imperio, carecen de una influencia revolucionaria que puedan guiar esas luchas hacia el socialismo, pero dejan un piso que permita un avance en ese sentido.

La economía con el coronavirus

El coronavirus ha actuado como detonante y acelerador de tendencias que se venían observando en la economía mundial, ante las cuales se iban tomando medidas que aumentaban las tensiones del sistema.

En este marco, uno de los cambios de gran magnitud fue lo que ocurrió con el petróleo. La OPEP, liderada por Riad y sus socios encabezados por Moscú, no lograron un acuerdo para reducir la producción y apoyar los precios, en un contexto de caída de la demanda generada por la desaceleración de la economía, sumado al crecimiento de la extracción no convencional (sheil oil). Debemos tener en cuenta que Estados Unidos es el mayor consumidor de petróleo, con 11.500.000 barriles por día, seguido de China, con 10.300.000 barriles por día. EEUU estaba llegando prácticamente al autoabastecimiento con la extracción no convencional, teniendo en cuenta que la misma es rentable si el precio del petróleo es mayor a los U$D 45. Todos estos factores, sumado a la desaceleración de la economía china, generaron una sobre oferta de petróleo con una demanda cada vez menor. Reducir la cantidad de barriles para mantener el precio del petróleo, era una política funcional a la extracción no convencional y a la economía estadounidense, en desmedro de la economía de los principales productores de petróleo convencional, entre ellos Rusia. Esto ha llevado el precio del petróleo a mínimos históricos con un piso de 24 dólares. Si bien la extracción en Arabia Saudita deja márgenes enormes,  con de U$D 3 por barril de costo, su economía es muy dependiente del petróleo, en tanto que la economía rusa es más diversificada.

Esta crisis se suma a las medidas de excepción tomadas por los Estados frente a la expansión del COVID-19; tienden a paralizar buena parte de la actividad económica mundial y los gobiernos responden con bajas de tasas y expansión monetaria. El resultado es un fortalecimiento del dólar y un debilitamiento del resto de las monedas y su contrapartida: caída de los precios de los commodities (materias primas y productos energéticos en general) los que han caído a precios comparables al de 1986.

Un estudio publicado por el National Bureau of Economic Research, la institución de investigación económica más prestigiosa de EEUU, señala la posibilidad de que la actual pandemia mundial de Covid-19 derive en un escenario extremo (“worst case scenario”) de 150 millones de muertos -6,5 millones de ellos en los EEUU- y caídas verticales del PBI y el consumo global.

La actual caída bursátil igualó en tres semanas lo que en la depresión de los años 30 llevó tres años; que grandes bancos de inversión (Goldman Sachs, J.P.Morgan, Morgan Stanley) esperan que el PBI de EEUU caiga entre 24 y 30% en el segundo trimestre, y que el propio secretario del Tesoro, Steve Mnuchin advirtió que el desempleo, hoy en bajos históricos, podría superar el 20%.

La economía china, que ya venía desacelerándose, crecería este año por debajo del 4%, mientras que Europa apenas el 0,8%. El PBI global alcanzaría así un bajo 2,4%. Todos estos pronósticos están en permanente revisión a la baja.

Mientras tanto la gran mayoría de los economistas convencionales han llegado a un consenso; en un panorama optimista, pronostican una caída mundial del PIB  en al menos dos trimestres consecutivos del 2020.

La región se verá altamente afectada por la caída de los comodities, y la fuga de capitales a monedas seguras. En los dos primeros meses desde el estallido de la crisis del coronavirus, Brasil ha sufrido salidas de capitales por valor de U$D 11.730 millones, seguido de México con U$D 2.000 millones.

Según las últimas proyecciones del IIF (Instituto de Finanzas Internacionales), actualizadas a finales del mes de marzo, América Latina se expone a una enorme dentellada económica por el virus: su economía retrocederá un 2,7%, frente a la expansión del 1,2% prevista cinco meses atrás. Las cinco grandes economías del área cerrarán el ejercicio en negativo: Argentina caerá un 3,1% frente al 1,6% pronosticado hasta ahora; Chile pasa de crecer un 3,2% a caer un 2,3%; Colombia pasa del 3,3% al -0,4%; México, del 1,2% al -2,8%; y Brasil, del 2% al -1,8%.

En este contexto, en nuestro país se resentirán las ya escasas exportaciones; se estima una caída del 5% en las exportaciones, por un total de US$ 3.400 millones, ingresarán menos dólares, será difícil sostener la demanda interna -aun con los nuevos estímulos que se anunciaron- y caerá la recaudación fiscal. Así se agrandará el déficit fiscal. La recesión se profundizara, el PBI caería un 1,6% adicional sumando un resultado negativo de 3,1%, según diversos analistas. En este cuadro, recuperar sustentabilidad de la deuda es prácticamente inalcanzable.

En este marco, hay poco margen para impulsar el gasto público para aliviar el golpe. Los países «en desarrollo» se encuentran en una posición mucho más débil en comparación con la crisis financiera mundial de 2008-09. Según el FMI en 2007, 40 países de los mercados emergentes y de ingresos medios tuvieron un superávit fiscal equivalente al 0,3% del producto interno bruto. El año pasado, registraron un déficit fiscal del 4,9% del PIB. El déficit público de estos países en Asia pasó del 0,7% del PIB en 2007 al 5,8% en 2019; en América Latina, pasó del 1,2% del PIB al 4,9%; y en los países europeos pasaron de un superávit del 1,9% del PIB a un déficit del 1%.

Con la crisis de la pandemia controlada en gran medida, China hizo algunos movimientos que probablemente la dejen mejor parada frente a la nueva situación pos pandemia. Con el Crash bursátil y el país oriental como epicentro de la enfermedad, la moneda china comenzó a caer en su valor, sin que el Banco Central tome ninguna medida para detener dicha caída. La declaración de Xi Jinping, de que China estaba lista para proteger a los residentes de Wuhan bloqueando las fronteras, llevó a una fuerte caída en los precios de las acciones (–44%), en la tecnología china y en la industria química.

Por ello, las transnacionales financieras globales comenzaron a vender todas las acciones chinas, que se devaluaron por completo. Cuando el precio cayó por debajo del límite permitido, el gobierno decidió comprar las acciones de empresas transnacionales europeas y estadounidenses a la vez. En este momento no solo ganó U$D 2.000 millones sino que, gracias al simulacro, vuelve a convertirse en el accionista mayoritario de muchas de las empresas construidas por europeos y estadounidenses. Muchas corporaciones hicieron la misma maniobra para concentrar su paquete accionario (Aple, Amazon, Faceboock) pero en China la particularidad es que fue el propio gobierno el que concentró el paquete.

Por otro lado, el precio del petróleo Saudí está determinado por la relación que tiene con las corporaciones financieras norteamericanas en el esquema de poder definido en 1973, para sostener la nueva moneda de reserva internacional el Petro-Dólar. El 11 de marzo, luego del cierre de la Bolsa de Shanghai, China ha concluido el lanzamiento de los Contratos a Futuro de Petróleo en Petro-Yuan-Oro. Si la medida de Putin ya afectó al dólar como moneda de intercambio, al bajar los precios del petróleo y con ello la demanda de dólares, los contratos a futuro en Petro-Yan-Oro le dan otro gran golpe al dólar, como moneda de intercambio universal. De todas maneras, cabe aclarar que la economía china saldrá con ventajas sobre el resto de las economías, sobre todo las occidentales, pero con heridas que generarán un reacomodamiento interno. La depresión económica afectará directamente a la fábrica del mundo. La crisis de sobreproducción no será resuelta fácilmente. Se vienen grandes luchas por las disputas del capital.

Como dice Samir Amin “El otoño del capitalismo no coincide automáticamente con la primavera de los Pueblos. Una distancia los separa, lo que le da a nuestra época un tono dramático que conlleva los peligros más graves. La implosión, al ser inevitable, debe entenderse precisamente como la oportunidad histórica que se le ofrece al Pueblo. Allana el camino para posibles avances hacia la construcción de una alternativa.”

*A fines de los años 90 China comienza su viraje hacia el capitalismo, su inserción significó una incorporación enorme de mano de obra barata a través de la super explotación y potenciales consumidores para el mercado mundial. La transformación fue incompleta ya que el estado sigue teniendo un rol central en la economía manejando los pilares fundamentales. Muchos sectores de la izquierda china plantean que permanece abierta la posibilidad de un resurgimiento socialista. Su planteo se apoya en registrar cómo la presencia de los trabajadores atemoriza a la burocracia y en considerar que el legado socialista no ha sido extirpado del universo popular

Enlace original: http://venceremos-arg.org/2020/03/31/el-coronocrash-como-proceso/

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