José Joaquín Valenzuela Levi: Donde mora la alta pupila del fusil, mirando… lejos.

José Joaquín Valenzuela Levi: Donde mora la alta pupila del fusil, mirando… lejos.

Exacto, jovial y temerario, camina tu recuerdo que también podría llamarse Ernesto…
PRIMERA LÍNEA REVOLUCIONARIA

Peregrinamos sobre la sangre de Corpus Christi:

José Joaquín Valenzuela Levi desde pequeño fue llamado “Pepo”.

Nacido el 15 de abril de 1958, hoy tendría 63 años, pero fue asesinado de manera cobarde por la CNI.

De niño residió algunos años en Estados Unidos por motivos de trabajo de su madre, Beatriz, geóloga. Sin embargo, siempre sintió la presencia de Chile, aun cuando, por toda su historia estuvo mucho tiempo lejos. Su hermana Silvana, que nació con problemas severos, casi le otorga esa terrible condición de hijo único de matrimonio separado. De alguna forma ella contribuyó al sentido de unión de la familia disgregada.

José Joaquín creció solitario…

En una carta escrita en 1972 José Joaquín relató que había comprendido, a los catorce o quince años, que las cosas que sentía y que descubría nadie se las estaba imponiendo. Este era un rasgo distintivo de autonomía, muy propio de su familia. Ninguna opinión materna o paterna le era transmitida como la versión final. Ese fue un rasgo que le perduró para siempre: hacer deducir las verdades y no imponerlas a los demás.

Durante el tiempo de la Unidad Popular participó en unos Trabajos

Voluntarios y tuvo vivencias que le significaron mucho: compartir

sus ideales e identificarse con el proceso social que vivía el país.

A pesar de ser alumno de uno de los colegios más selectos de

Santiago, no se sentía penetrado por los valores de la élite, así como la sociedad norteamericana, que había conocido en la niñez, le hizo ver al desnudo los problemas del capitalismo y el racismo.

José Joaquín vivió el período del golpe militar en el barrio

Villavicencio, en la parte posterior del edificio de la UNCTAD III,

que se transformó en el primer recinto de gobierno de la Junta

Militar.

El departamento en el que vivía, fue allanado, y todos quienes estaban allí fueron detenidos: varios colegas extranjeros de su madre, ella y Pepo fueron retenidos. Luego de golpear a los hombres y llevarlos contra una pared, los liberaron. Pepo tenía quince años.

Beatriz Levi, que trabajaba en el Instituto de Investigaciones

Geológicas fue inmediatamente exonerada. Beatriz y su hijo

marcharon a Suiza.

José Joaquín pintaba y le gustaba la cerámica. Empezó a hacer “música experimental”, no era músico, pero le gustaba “explorar”. Esa palabra es clave para entenderlo, Pepo era un “explorador” nato.

Ninguna experiencia de antemano podía ser rechazada. Entendía en todo objeto un valor ético y estético. Nunca compraba una tarjeta para regalar: la hacía con sus propias manos, cualquier cosa que obsequiaba tenía un mensaje personal y creativo. También,

acostumbraba regalar lo que era de él y le gustaba.

En la Habana fue “Rodrigo”, tuvo varios nombres en su vida y cada de ellos fue significando una evolución. En Nicaragua fue el “Chele” por su color de pelo y el aspecto de su piel.

El último fue “Ernesto”, el “Comandante Ernesto” que encabezara el atentado contra Pinochet, la Operación Siglo XX.

José Joaquín había llegado hacía poco de Europa Oriental. También

había estado de paso en Suecia y en una escuela en la RDA, donde

obtuvo el apelativo de “El Ricitos”.

Se encontraba en un intenso período de revisión de su vida y de lo que quería hacer de ella. Quería prolongarse a través de un hijo.

Era muy noble y responsable, hacía clases y las preparaba con ahínco.

Poco apegado a las cosas materiales, los detalles de su ropa tampoco eran su gran preocupación, existía en él, un sentimiento de vivir de paso.

En La Habana todos los días se pensaba en Chile. Cómo oponer nuevas formas de lucha a la fuerza militar que gobernaba el país y cuando él cuándo se retornaría a la patria.

Cuando se fue a Nicaragua, le encargaron tareas en el frente norte, estuvo durante dos o tres meses preparando un extenso tratado, simultáneamente a su labor como instructor de las Milicias.

En Chile, entre 1984 y 1987, José Joaquín permanecía en extrema clandestinidad.

Hablaba inglés, aprendió ruso y estudió matemática solo, era generosamente dotado en el plano intelectual y humano.

Pero su inmensa vocación no pudo desarrollarla jamás plenamente.

No tuvo nunca tiempo para pintar…

No era demasiado alto: medía poco más de un metro setenta, delgado, le gustaba el fútbol y en cuanto se presentaba la ocasión, jugaba algún partido.

Tampoco fue oficial militar por vocación. También esta fue una

decisión reflexionada y sentida como una necesidad política, una

responsabilidad del momento histórico.

Era bueno, bueno e inteligente. Nunca fue ostentoso para nada, ni alardeaba de lo que sabía o hacía. Solo después de ser asesinado sus cercanos se enteraron que él comandó el atentado a Pinochet.

En sus sueños de niño quería ser mago…

La madrugada del martes 16 de junio de 1987, a las 05:20, la muerte lo encontraba, no en una lucha frontal, como lo exigía su destino de joven militar, fogueado en muchas batallas.

Era ejecutado, junto a otros seis jóvenes del Frente Patriótico

Manuel Rodríguez, en la casa de Pedro Donoso 582, al norte de

Santiago.

En el frontis de esa casa está trazada con pintura negra la leyenda

“honor y gloria a los caídos”

En el jardín abandonado florece una multitud de rebeldes flores

silvestres, de vivos colores, pareciera que José Joaquín Valenzuela Levi, el comandante Ernesto, las estuviera pintando. O tal vez las hace florecer extraordinariamente cumpliendo su sueño de ser mago…

José Joaquín Valenzuela Levi, sigues sonriendo, lleno de luz y valentía, en tus veintinueve años que combatieron en otros países y en el centro mismo de Chile. Silenciosamente, desde el norte de Santiago, exacto, jovial y temerario, camina tu recuerdo que también podría llamarse Ernesto…

“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez la estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

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