Las mujeres de mi generación

Las mujeres de mi generación

Tan mala la muerte... cuando se lleva a un poeta compañero, escritor, como Luis Sepúlveda. murió en España, a los 70 años, afectado por coronavirus. vive en su palabra

Este poema es un homenaje que realizó el poeta y compañero Luis Sepúlveda, a las mujeres que luchan. Hoy Luís ha partido, pero nos dejó su palabra, su mirada sobre las cosas esenciales de la vida.

por Luis Sepúlveda

A Carmen Yañez “Pelusa”, Marcia Scantlebury y Ana Schilling.

Las Mujeres de mi generación abrieron sus pétalos rebeldes

No de rosa, camelias, orquídeas u otras yerbas

De saloncitos tristes, de casitas burguesas, de costumbres añejas sino de yuyos

peregrinos entre vientos.

Las Mujeres de mi generación florecieron en las calles,

Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas

supieron lo que tenían que saber para el saber glorioso

de las Mujeres de mi generación.

Minifalderas en flor de los setenta

Las Mujeres de mi generación no ocultaron ni las sombras

de sus muslos que fueron los de Tania

erotizando con el mayor de los calibres los caminos duros

de la cita con la muerte

Porque las Mujeres de mi generación

bebieron con ganas del vino de los vivos

acudieron a todas las llamadas y fueron dignidad en la derrota.

En los cuarteles las llamaron putas y no las ofendieron

porque venían de un bosque de sinónimos alegres:

Minas, Grelas, Percantas, Cabritas, Minones, Gurisas,

Garotas, Jevas, Zipotas, Viejas, Chavalas, Señoritas

hasta que ellas mismas escribieron la palabra Compañera

en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles

Porque las Mujeres de mi generación nos marcaron

con el fuego indeleble de sus uñas

la verdad universal de sus derechos.

Conocieron la cárcel y los golpes

Habitaron en mil patrias y en ninguna

Lloraron a sus muertos y a los míos como suyos

Dieron calor al frío y al cansancio deseos

Al agua sabor y al fuego lo orientaron por un rumbo cierto.

Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos

Cantando Summertime les dieron teta

Fumaron marihuana en los descansos

Danzaron lo mejor del vino y bebieron las mejores melodías

Porque las Mujeres de mi generación

nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos compañeros

sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias.

Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras,

artesanas, actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas

en los ratos libres de la Resistencia.

Porque las Mujeres de mi generación sólo respetaron

los límites que superaban todas las fronteras.

Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor

comisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia.

Entre batalla y batalla, entre amor y amor, entre fuego y fuego

las Mujeres de mi generación lo dieron todo

y dijeron que eso era apenas suficiente.

Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco

Las vistieron de negro en Puerto Montt y Sâo Paulo

Y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo fueron

las únicas estrellas de la larga lucha clandestina.

Sus canas no son canas sino una forma de ser

para el qué hacer que les espera.

Las arrugas que asoman en sus rostros dicen he reído

y he llorado y volvería a hacerlo.

Las Mujeres de mi generación han ganado

algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos

Se mueven algo más lentas,

cansadas de esperarnos en las metas.

Escriben cartas que incendian las memorias

Recuerdan aromas proscritos y los cantan.

Inventan cada día las palabras y con ellas nos empujan

Nombran las cosas y nos amueblan el mundo

Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar

Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta.

Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad

y la prudencia se transforma en vergüenza.

Las Mujeres de mi generación son como las barricadas:

protegen y animan, dan confianza

y suavizan el filo de la ira.

Las Mujeres de mi generación son como un puño cerrado

que resguarda con violencia la ternura del mundo.

Las Mujeres de mi generación no gritan

porque ellas derrotaron al silencio.

Si algo nos marca, son ellas.

La identidad del siglo son ellas.

Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto

El beso clandestino, el retorno a todos los derechos

Un tango en la serena soledad de un aeropuerto

Un poema de Gelman escrito en una servilleta

Benedetti compartido en el planeta de un paraguas

Los nombres de los amigos guardados con ramitas de lavanda

Las cartas que hacen besar al cartero

Las manos que sostienen los retratos de mis muertos

Los elementos simples de los días que aterran al tirano

La compleja arquitectura de los sueños de tus nietos.

Lo son todo y todo lo sostienen

Porque todo viene con sus pasos

y nos llega y nos sorprende.

No hay soledad donde ellas miren

Ni olvido mientras ellas canten.

Intelectuales del instinto, instinto de la razón

Prueba de fuerza para el fuerte

y amorosa vitamina del débil.

Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles

sufridas, golpeadas, negadas pero invictas

Mujeres, Mujeres, Mujeres de mi generación.

“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez la estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

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