Más allá de la frase o la consigna; es necesaria la más grande y profunda unidad de nuestra clase

Más allá de la frase o la consigna; es necesaria la más grande y profunda unidad de nuestra clase

el problema último son las relaciones de poder, que es ahí donde se definen finalmente los procesos sociales entre las clases.

Por La Trinchera de Barrancas (LTB)

El 18 de octubre del 2019 se produce el estallido social más grande de las últimas décadas, y quizás el más grande de la historia de Chile. Si bien, existen antecedentes como lo son: la rebelión de chaucha (1949), las ochenteras movilizaciones contra el dictador Pinochet y las movilizaciones estudiantiles de las últimas décadas (2006-2011), nada se compara con la masividad, los niveles de acción directa y la amplitud temporal de esta movilización de significación histórica.

La reacción de la derecha

La rebelión popular pone de manifiesto las demandas que por separado se fueron acumulando durante décadas, como consecuencia de las políticas de profundización del modelo neoliberal y el sistema capitalista en Chile. Frente a esto, las clases dominantes del bloque en el poder, han salido en rescate del modelo a través de distintos mecanismos; las posiciones más radicales de la derecha recalcitrante se muestran beligerantes, han hecho uso de la violencia callejera, escudándose en los pacos, han golpeado cobardemente a aquellos (desprevenidos) que se han topado en sus pequeñas convocatorias reaccionarias de Escuela Militar y han amenazado de muerte a quienes consideran sus enemigos, encontrando aliados en los venezolanos antichavistas llegados al país y obviamente en los grupos de privilegio.

La derecha más diplomática, pero no menos peligrosa, al encontrarse entre las cuerdas en noviembre pasado, fraguó un consenso político para aplazar el nocaut en el que estaban, en un acuerdo para plebiscitar un cambio de constitución junto a los sectores moderados del centro que no buscan otra cosa que la estabilidad política y la perpetuación de la actual forma de dominación.

Rápidamente estos sectores han comenzado a cuadrarse con la necesidad de la unidad nacional, el orden y el estado de derecho. Sin embargo, entre la derecha dura y la derecha más diplomática existe un acuerdo implícito por el cual han comenzado a trabajar: la campaña por el rechazo. Así lo demuestran los nexos de los grupos facistoides con militares activos y partidos políticos, incluso utilizando sus sedes para construir sus escudos de “primera línea” (aunque inútiles si consideramos que son protegidos por carabineros en sus manifestaciones). Por otra parte, vemos como muchos personajes cuya imagen pública está destruida, pretenden reciclarse pasando a conformar el comando de campaña por la defensa de la constitución pinochetista. Entre estos figuran la ex ministra de educación Marcela Cubillos y el ex ministro del interior Andres Chadwick. Mención aparte merece un grupo del partido Renovación Nacional que, oportunistamente, adhiere al Apruebo para moverse con las mayorías y posicionarse como primer partido de los poderosos después del plebiscito.

Las posiciones en el pueblo

La teoría del “Gran Engaño”

Frente a esto también han surgido distintas posturas en las filas del pueblo. Por una parte, se presenta la lectura del “Gran Engaño”: una vez más los poderosos habrían salido a flote a través de la política de lo institucional fraguado en el acuerdo de paz, postergando las demandas sociales bajo la promesa de un proceso pseudo-constituyente que empantana la movilización iniciada el 18 de octubre, desvirtuando el ímpetu de luchar de “las masas”. Frente a esto, la profundización de la protesta sería la única forma de responder “clasistamente” al engaño plebiscitario, en el cual no habría que participar, para no seguir oxigenado la vía institucional.


Sin embargo, estos sectores no han trazado una alternativa táctica clara respecto a la anhelada revolución (única alternativa para resolver las demandas del pueblo). Por el contrario, corren el riesgo de quedarse aislados por carecer de una táctica más flexible y menos principista por considerar que el plebiscito “no resuelve las demandas del pueblo”. Desde esta marginalidad y respeto a sus principios mañana podrán decir “¿no ven? Nosotros lo dijimos”, y de este modo conservarían una ilusoria superioridad política moral, pero no avanzarían ni un centímetro en convertirse en una opción de transformación.

La gran posibilidad histórica

También están aquellos que ven el proceso plebiscitario como una “ganada de los sectores progresistas” quienes han sabido a sacar provecho del estallido, jalonando una posibilidad de cambiar la constitución neoliberal de la derecha, la que a regañadientes aceptó un acuerdo que incluso muchos hoy desmienten. Ven en esta pasada una posibilidad de realizar los cambios tan anhelados por la inmensa mayoría, sirviéndose, eso sí, de los mismos canales institucionales que sustentan el sistema. En este sentido, se haría imperiosa la participación en el plebiscito para aprobar una nueva constitución. Respecto a la segunda papeleta surgen distintas posturas que van por anularla, rayar AC (Asamblea Constituyente) o simplemente marcar la opción de convención constituyente. De todas formas, en todas ellas, es una opción el participar en las próximas elecciones.

La necesaria Unidad

Efectivamente el pacto por la paz celebrado en noviembre pasado por distintas colectividades representantes del statu quo, ha tenido el propósito de salvar el gobierno que, entre las cuerdas, ha tratado por todos los medios de ganar tiempo para reanimarse y continuar en el poder. Ese es un diagnóstico ampliamente compartido.

Sin embargo, eso no quiere decir que esta contingencia no abra una posibilidad para que la demanda política por una Asamblea Constituyente se defienda como parte de las demandas del pueblo (no sólo en las urnas). No podemos negar que ha sido defendida en las calles con convicción por la gran mayoría de la población, y que así lo confirma la participación en las consultas comunales. Indudablemente una apabullante victoria en las urnas significaría un impulso para continuar con la herida abierta y con la posibilidad de pelear por un verdadero proceso constituyente, sin descuidar, por supuesto, las otras demandas que han caracterizado este proceso como lo son las pensiones, sueldo mínimo, educación, salud, etc. No hay contradicción alguna entre estas dos dimensiones de la lucha.

El estallido ha despertado la sed de muchas personas que antes rechazaban la política, es cierto, muchos creen que las cosas se resolverán únicamente en las urnas, lo cual es inviable, sin embargo, la necesidad de derrotar a la derecha es un imperativo en este periodo, es necesario elevar hasta el cielo la moral del pueblo, dar muestras de fuerzas, tanto en la calle como en las urnas, sabiendo eso sí, que el problema último son las relaciones de poder, que es ahí donde se definen finalmente los procesos sociales entre las clases.

Hay que ser muy miope, políticamente hablando, para decirle a las grandes mayorías que están equivocadas y que caerán en un engaño, eso es tener delirios de ilustrados frente a la “masa informe” que “estúpidamente” caería en el engaño.

Lo mejor es aprovechar el entusiasmo, convocarlo a tareas mayores y prepararse para ganar, con flexibilidad táctica y una estrategia que no acepte menos que todo el poder para el pueblo y la derrota definitiva de esa minoría privilegiada que hoy solo se sustenta en el monopolio de la fuerza para seguir con vida.

Las actuales condiciones son propicias para desarrollar un proceso de autoformación permanente del pueblo, las circunstancias contribuyen al desarrollo de un proceso de politización creciente. Las condiciones deben madurar y hay que ayudar a ello, caminar junto al pueblo, dar las batallas con él, entregarse al proceso y prepararse con vocación para derrotar a los enemigos del pueblo. Reconocer las diferencias entre las distintas posiciones que están por transformar radicalmente esta sociedad, no confundirse de enemigo, forjar la más grande unidad de nuestra clase para la gran victoria. Quizás el mayor engaño de todos sea que la postura frente al plebiscito termine separándonos.

“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez la estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

TE PUEDE INTERESAR

Deja un comentario