Peregrinamos sobre la sangre de Corpus Christi: Juan Waldemar Henríquez el húsar azul adiestrador de halcones y palomas

Peregrinamos sobre la sangre de Corpus Christi: Juan Waldemar Henríquez el húsar azul adiestrador de halcones y palomas

Juan Waldemar Henríquez Araya, nacido el 21 de septiembre de 1959, hoy tendría 61 años, pero fue cobardemente asesinado por la CNI.
PRIMERA LÍNEA REVOLUCIONARIA

Desde pequeño había vivido con sus abuelos, deja el país en el otoño de 1977 rumbo a Alemania, luego que sus abuelos y hermanos fueran detenidos y los primeros torturados en presencia de los niños.

Por el cargo que ocupó el abuelo Bernardo, delegado del Partido Comunista chileno a la Conferencia Tricontinental de La Habana, Juan Waldemar permaneció cinco años de su infancia en Cuba, regresando a Chile en los meses previos al triunfo de Salvador Allende. Esta etapa de su formación en la niñez, fue absolutamente definitoria para toda su vida.

Con acento de niño centroamericano se incorporó a la vida de nuestro país, que distaba mucho de los logros que se habían conseguido en la isla. Sus condiscípulos no lograban entender lo que el pequeño viajero contaba. Pensaban que eran invenciones sobre un país inexistente.

No fue bien recibido en el colegio y se perdía en el trato, con su caribeña y afable informalidad: “oye, compañero profesor”, dijo alguna vez ante el desconcierto de su maestro. A los choferes de microbuses, los recriminaba porque lo usual en Cuba era absolutamente opuesto: los niños escolares iban sentados.

Sus padres tuvieron que buscarle un colegio en donde le ayudaran a reinsertarse a la realidad de la sociedad chilena. Le extrañaba mucho durante el período de la Unidad Popular el uso de las varas de cañas para “defender” el gobierno de Salvador Allende. A su juicio y según lo había visto en Cuba, un gobierno solamente se podía defender con armas. No podía entender tampoco las eventuales irresponsabilidades de los jóvenes, en los trabajos voluntarios al estilo chileno.

Era apenas un adolescente durante el gobierno de Salvador Allende. Cuando vino Fidel, a fines de 1971, vivía preocupado por la seguridad del Primer Ministro cubano.

Los días del golpe militar cursaba tercer año medio en la Escuela Industrial de Quinta Normal. Luego que el alumnado se reincorporara a clases, se negó a cantar la nueva Canción Nacional, lo que le significó graves dificultades.

Sabía de todos los problemas que sufriría su familia a partir de ese momento. La casa de los abuelos fue allanada de inmediato y le tocó enfrentar a una patrulla militar con absoluta entereza.

En el último año de su enseñanza media estaba en dificultades con dos asignaturas: educación física e inglés. A ese idioma le tenía una rabia visceral.

En educación física acudió a todo tipo de astucias para aprobar. Y siempre lo consiguió. En inglés tuvo que prepararse con un profesor particular pagado, guardando un sentimiento de culpa enorme por el gasto que había ocasionado en momentos económicos muy difíciles para la familia.

Cuando secuestraron a sus abuelos en 1976, enfrentó la búsqueda angustiosamente. Lo podríamos ver con la foto de Bernardo y Olga, en alto, mostrándola a quienes van saliendo del campo de concentración de “Cuatro Álamos”, en días cercanos a la navidad, cuando el régimen militar dejó en libertad a algunos prisioneros.

Luego se transforma en la silueta de un muchacho llorando junto a un árbol, frente a las puertas de ese terrible lugar. Siempre trató de reconstruir la ruta y las huellas del secuestro.

Todo fue inútil. Los abuelos Olga Flores y Bernardo Araya son detenidos-desaparecidos.

Se fue a la República Democrática Alemana con su padre y sus hermanos. Allí, en 1977 conoció a Victoria, Vicky, quien después sería la madre de su hijo.

En 1979 marchó a Cuba.

A los tres meses de su partida, a Victoria le llegaba una carta de La Habana. Luego hubo intercambio de fotografías y llamadas por teléfono. Una vez al mes, Juan Waldemar la llamaba y casi gastaba íntegro su sueldo. Juan tenía derecho a una visa y ella la ocupó. Victoria pasó tres meses en La Habana. El encuentro fue muy feliz. A pesar de todo, Juan no descuidaba su trabajo.

Medía 1 metro 72, pelo castaño, ojos cafés claro, cuerpo ancho, de tez muy blanca. Tenía definitivamente un aspecto muy atractivo. Vicky quedó embarazada en Cuba. El pequeño hijo, llamado Juan Bernardo, nació en Alemania el 23 de noviembre de 1982.

Es impresionante el parecido de Juan Bernardo con las fotos de infancia de su padre. Juan lo conoció, en Alemania, cuando el niño tenía un año y medio. Llegó de sorpresa a la casa. Decía que lo había soñado muchas veces, igual como lo veía en ese momento. Pasaron la navidad juntos. El auto a pedales que le regaló a los dos años sobrevivió mucho tiempo.

En 1981, en La Habana, había concluido su preparación, con el nombre de “El Gallego”, tomado del apellido que usaba: Gallegos. En ese período le recuerdan jovial, muy alegre, muy maduro y serio cuando había que serlo. Siempre había una sonrisa en sus labios.

Juan Waldemar era chispeante y tenía un inmenso amor a la vida. Poseía mucha capacidad de contacto y era amistoso. Con responsabilidades políticas en la organización de los chilenos en La Habana, tuvo un rol importante para mantener la cohesión dentro de la diversidad de opiniones que se vivía al analizar el momento chileno y latinoamericano.

Desde allí el año 83, cuando arrecia la lucha contrarrevolucionaria somocista y norteamericana, forma parte del contingente chileno que parte a Nicaragua desde Cuba. En ese grupo destaca en la formación y entrenamiento de las milicias sandinistas en la región de Rivas, zona limítrofe con Costa Rica. Aún les recuerdan con mucho cariño en esa zona nicaragüense.

Años después, Juan envió a Victoria una carta con la Medalla al Combatiente Internacionalista primera clase. En un fragmento la carta dice:

“En mí nombre (aunque no es mucho) entrego esta medalla a mi compañera y único amor. Consérvela-.

 Hay mucho de usted en ella. Un beso grande a nuestro hijo.

Su compañero Gallegos

El nombre cambia. Usted ya lo sabe.

Al ingresar clandestinamente a Chile, en el año 1984, venía destinado a responsabilidades de dirección en el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, sin embargo, se sentía más preparado para tareas operativas, como las que había enfrentado en Nicaragua.

Al plantear que se encontraba más adecuado para otras tareas, con humildad y severidad acogió otras labores, que sin embargo siempre tuvieron gran carga de obligaciones y riesgos.

Según la publicación “El Rodriguista”, N° 65 de junio de 1994 Juan Waldemar Henríquez Araya aparece como “Jefe de Escuela”. Las informaciones proporcionadas a la prensa por la CNI en junio de 1987 lo señalan como “Jefe de destacamentos dependiente del coordinador de jefes de la zona sur del FPMR e instructor en tácticas…en la escuela del FPMR en Varas Mena 417 en San Miguel.”

Juan Waldemar encontró la muerte, junto a Wilson Henríquez, protegiendo la retirada y asumiendo la defensa de sus compañeros, contra un adversario despiadadamente superior en número y armamento.

Cumplió con lo que tantas veces se había planteado en sus luchas anteriores: El jefe responde por la vida de sus combatientes. Y los sitiadores de la casa de Varas Mena 417 fueron infinitamente crueles en sus métodos esa medianoche.

En la declaración formulada al diario “Fortín Mapocho” del 20 de junio de 1987, su madre, Mónica Araya, señala en los últimos párrafos de la entrevista: “…mi marido sacó su cadáver de la morgue, tenía huellas de haber sido torturado, su rostro estaba lleno de hematomas.

Y Juan Waldemar Henríquez Araya, recordado por tantos como Arturo, nos sonríe. Traduce esta línea al alemán: “Como la sombra de la memoria viva, vuelve al combate frontal Manuel Rodríguez. Alto y duro como un rayo interminable”. La pronuncia con acento cubano y en chileno. Vuelve a sonreír. Y nos regala para siempre con su vida.

Húsar azul, caído en la profundidad del tiempo. Soldado en cuyas banderas recién bordadas amanece, adiestrando halcones y palomas mensajeras para los tiempos que vendrán…

Nada está olvidado, nadie está olvidado.

“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez la estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

TE PUEDE INTERESAR

Deja un comentario