Peregrinamos sobre la sangre de Corpus Christi: Wilson Henríquez, la vida eterna de quien construye bastante.

Peregrinamos sobre la sangre de Corpus Christi: Wilson Henríquez, la vida eterna de quien construye bastante.

Eternamente tu nombre se reúne también en todos nuestros nombres. “Tu espalda está sangrando Sobre el camino Sobre el camino sí, Quién lo diría Tú que eres nuestra sangre. Nuestra alegría”
PRIMERA LÍNEA REVOLUCIONARIA

Wilson Daniel (ARIAS) Henriquez Gallegos nació el 3 de febrero de 1963, hoy tendría 58 años, pero lo asesinaron las negras manos de la dictadura.

Volantines, pasaba todo el día haciéndolos, y era reconocido por ello, porque los hacía con tal dedicación y les ponía tantos colores y les hacía formas y buscaba estilos.

Incluso diseñaba algunos tan bonitos que venían de todas partes a comprarle y con eso se daba un poco vuelta en ese minuto en que la cosa económica fue tan dura…

Wilson Henríquez Gallegos, su dura infancia entre campo y bosque en Santa Cruz de Collihuay, al interior de Chillan, junto a doña Teresa, resistían los golpes y la violencia de quien sería la pareja de su madre. Su infancia fue triste. Conservaba incontables cicatrices producto de innumerables azotes. En muchas ocasiones fue echado al campo por su padrastro.

Cuando llegó a la capital el joven encontró trabajo en una compañía de bomberos de Ñuñoa, lo que le permitió tener alojamiento y comida. El día domingo lo dedicaba a recorrer Quilicura, población por población, tratando de encontrar la casa de su verdadero padre.

A los diecisiete años después de una larga tarea de búsqueda, encuentra, al fin el hogar de su papá. Su familia la empieza a constituir esta familia. La vida es más generosa que los cuentos. Aquí, las hermanastras hermanastros acogen a Wilson como a uno más de la casa.

Los primeros trabajos de aprendiz de carpintería, sincronizados con los estudios de contabilidad que quedaron inconclusos, le forjan una sólida identidad de clase, que va traduciéndose en los primeros balbuceos políticos contra la dictadura.

Hace un curso de trazador. Ya maestro trazador, a pesar de sus pocos más de 20 años es otro “viejo” más de la “constru”. Wilson buscaba el amor por todos lados, lo traducía cantando. También descubre definitivamente la dimensión del gigantesco amor a todos, el amor militante. Con poco tiempo en las Juventudes Comunistas, pasa directamente al Partido, en la clandestinidad. Esto en 1983.

Posteriormente va adquiriendo un alto grado de compromiso, que lo lleva a ingresar al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, desempeñando labores político-militares y propias de su especialización en construcción.

Es un Trazador…

Es un Carpintero de la Construcción…

Es quien defiende la casa de Varas Mena.

Wilson construye solitario, enseña en silencio sobre túneles y vigas. Sabe de soportes y de excavaciones, de bases, de pilares… Wilson entiende de hormigones, cadenetas, fundaciones, cimientos.

Sabe cómo construir una bodega bajo tierra. Lo sabe cómo su padre.

Desde siempre.

Inventa maneras de hacer depósitos subterráneos, salidas de entretechos. Las construcciones no tienen secretos para él. Y la carpintería tampoco, como en un juego de ingenios y adversidades.

Secretamente…

Compartimentadamente…

Wilson sigue presente en cada espacio, un niño piensa que Wilson murió con pena, porque dejó mucha gente muy sola.

En junio de 1987 no oye más del Colo Colo, no se vuelve a escuchar a Luchín, canción de Víctor Jara, tan parecido a los niños de Quilicura y a su vida misma.

Todo parece quedar triste con su muerte. No hay quien organice los partidos de fútbol con los niños del pasaje. Deja de estar presente el papá joven que hacía los juguetes de madera de sus hijos.

La noche de Navidad ¿quién llevará a cenar a un niño pobre de Quilicura? ¿Quién tocará su guitarra, instrumento que aprendió solitariamente, cantando a Víctor Jara, su vida deja un recuerdo tibio y ancho como el horizonte?

Había previsto su muerte. Pero quería dejar su testimonio de vida, lleno de conciencia de clase. Porque en su casa como en tantas otras de Chile, a veces solo había una taza de té y un pan.

En los años de las tinieblas, Wilson caminaba a veces largas extensiones de Quilicura, calculando las dimensiones del tendido de las torres eléctricas. Un apagón devolvía la fe a las gentes. Un solo apagón encendía la primera Protesta y daba el grito de rebeldía. Muchos apagones encendían el clamor silenciado por tantos años.

Wilson estará construyendo volantines de colores. Lo podremos ver ascendiendo ese cerro de Quilicura. Un día de éstos Wilson va a construir volantines para sus hijos y para todos los niños de Chile.

Volantines exactos, livianos, gráciles, capaces de enfrentarse a cualquier viento.

No volverán a soplar los huracanes de junio de 1987

Wilson campesino, estaba lleno de vida. Bueno para las bromas, tenía una fuerza optimista que nunca perdió.

Hoy, su tierra sigue siendo un campo empobrecido donde la gente es bastante humilde, sin juventud, porque todos emigran por la falta de trabajo. En Bulnes urbano, las noticias corren un poco más rápidas. Hay una pared rayada con su nombre, alusiva a la matanza de Corpus Christi.

Fotos de ese tiempo no existen, porque en realidad no existe nada de nada, solo se sabe que, durante su niñez y su adolescencia, la vida le negó muchas cosas.

Tener su verdadero apellido tampoco lo alcanzó a lograr. Su Henríquez lo entristecía. Quería tener el de su verdadero padre: Arias. Pero la vida fue pasando y nunca se hicieron los trámites.

Su padrastro, el “buey negro”, no le había dado más que violencia.

Pero ese hombre también le otorgó la fortaleza para enfrentarlo todo.

Quizás podamos cumplir su deseo más recóndito en estas líneas.

Llevar el apellido de su padre verdadero y de quienes fueron su última y verdadera familia en Quilicura:

WILSON ARIAS GALLEGOS

Eternamente tu nombre se reúne también en todos nuestros nombres.

“Tu espalda está sangrando

Sobre el camino

Sobre el camino sí,

Quién lo diría

Tú que eres nuestra sangre.

Nuestra alegría”

“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez la estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

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